El fruto del EspĂritu Santo
El propósito de la vida cristiana es prepararnos para la vida eterna en los cielos. Es por eso que el pecador debe confesar sus pecados y recibir al Salvador. A partir de ese momento es que esa persona se convierte en un santo del Señor. La vida del cristiano consiste en vivir una vida en santidad. “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12.14).
Esto quiere decir que el cristiano puede crecer en la santidad a medida que su vida cristiana madura en el EspĂritu Santo.
Cuando nosotros nos hacemos cristianos es porque Cristo el Hijo de Dios ha entrado a morar en nuestro corazón. Es por eso que el progreso en la vida cristiana consiste en llegar a ser semejantes a él.
Completa:
- “A fin de Â____________ a los santos para la obra del ministerio, para la ___________ del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la _______ de la fe y del ____________ del Hijo de Dios, a un varĂłn perfecto, a la medida de la estatura de la __________ de Cristo” (Efesios 4.12–13).
Por esta razĂłn todo el fruto del EspĂritu Santo es con el objetivo de desarrollar la imagen de Cristo en nuestra vida.
- “Haya, pues, en vosotros este _________ que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2.5).
“Mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el EspĂritu del Señor” (2 Corintios 3.18).
El trabajo de la iglesia y la obra del EspĂritu Santo consisten en ayudar al cristiano a crecer y madurar en el proceso de esta transformaciĂłn.
- “Hijitos mĂos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo ___ __________ en vosotros” (Gálatas 4.19).
- “Sabemos que cuando él se manifieste, ___________ semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta __________ en él, se ____________ a sà mismo, asà como él es ______” (1 Juan 3.2–3).
Una descripción del Señor (fruto, bienaventuranzas, especias)
El nĂşmero nueve es el nĂşmero simbĂłlico del EspĂritu Santo. (Siete es el nĂşmero del Padre porque completĂł la creaciĂłn y descansĂł en el sĂ©ptimo dĂa. Ocho es el nĂşmero del Hijo de Dios; Ă©l resucitĂł el octavo dĂa, el dĂa del Señor.)
En la Biblia aparecen algunas descripciones del fruto del EspĂritu Santo:
- Las caracterĂsticas de Gálatas 5.22–23.
- Las nueve bienaventuranzas del Sermón del Monte en Mateo 5.3–12.
- Las nueve especias del huerto de Dios en Cantares 4.12–16.
Estas tres series de nueve forman una descripciĂłn de la mente del Salvador.
En Gálatas 5.22–23 se nos muestra la lista del fruto del EspĂritu Santo. Estas nueve caracterĂsticas corresponden con las nueve bienaventuranzas del SermĂłn del Monte. Las dos porciones describen bien el carácter del Salvador: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza.
El SermĂłn del Monte (Mateo 5, 6, 7) comienza con la descripciĂłn del alma bienaventurada de aquel que es hijo de Dios: amoroso, lleno de fe, manso, bondadoso, benigno, limpio, pacĂfico, paciente y gozoso en medio de la persecuciĂłn.
¡Es nada menos que la descripción de la imagen de Cristo en el cristiano!
ÂżPor quĂ© dice “fruto” del EspĂritu?
Un fruto es algo que crece y se desarrolla partiendo desde la semilla, luego pasa a la raĂz, al tronco, las ramas, las flores y por Ăşltimo se convierte en lo que llamamos el fruto. AsĂ es la obra del EspĂritu Santo dentro de nuestras vidas.
Todo comienza con la siembra de la semilla de la palabra de Dios en nuestros corazones y continĂşa hasta que la misma da el fruto espiritual para lo cual fue sembrada. La cosecha que Dios espera recoger es el carácter cristiano que se desarrolla y madura siendo lleno del EspĂritu Santo y guiado por Ă©l. Nuestro Salvador quiere reproducir dentro de nosotros su “naturaleza divina”. “Nos ha dado preciosas y grandĂsimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupciĂłn que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 Pedro 1.4).
El SermĂłn del Monte comienza en Mateo capĂtulo 5 mostrándonos cĂłmo debe ser el carácter del cristiano y lo hace por medio de las nueve bienaventuranzas. Este mensaje tan poderoso y cautivador concluye en Mateo capĂtulo 7 con las palabras tan definitivas y enfáticas del Señor: “Por sus frutos los conocerĂ©is” (Mateo 7.16). La prueba del cristianismo verdadero siempre es el fruto de la semejanza del carácter de Dios en la vida de los cristianos.
“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5.44–45).
No serĂa lĂłgico escoger a un árbol malo y colocar en Ă©l buenos frutos. El fruto nace de la savia que está dentro del árbol. ¡El fruto artificial no se puede comer! En nuestra experiencia espiritual el crecimiento del fruto tiene su origen en el EspĂritu Santo que mora en nuestro espĂritu y echa raĂces, ramas, flores y frutos. “Bienaventurado el varĂłn que no anduvo en consejo de malos (...). Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo” (Salmo 1.1, 3).
JesĂşs nos protege de los falsos profetas
Hoy en dĂa vivimos en un mundo lleno de violencia e impureza. Sin embargo, el mundo de hoy es muy parecido al mundo antiguo de los dĂas de NoĂ©.
En Génesis 6.5 se nos enseña que el mundo antediluviano enojó a Dios porque “todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”. Aquel mundo corrompido estaba lleno de impureza y violencia (Génesis 6.11).
En la actualidad existen muchos que profesan ser “cristianos” y que pretenden ser “creyentes” por medio de sus palabras, pero no viven vidas que demuestran que están siguiendo al Salvador. Ellos están involucrados en la corrupción, la fornicación, el divorcio, el adulterio y otras impurezas que junto con los muchos males sociales han hecho que este mundo sea tan perverso y pecador como lo llegó a ser en el tiempo antiguo. La Biblia nos enseña claramente: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5.8).
TambiĂ©n los falsos profetas de nuestros dĂas pretenden hacer muchos “milagros” y tener “dones espirituales” como lo hicieron en la antigĂĽedad. No obstante, ellos mismos participan en la guerra, se involucran en la polĂtica, pelean entre ellos mismos y viven entregados a la violencia. A tales personas dirá nuestro Señor: “Nunca os conocĂ” (Mateo 7.23).
Si todos nosotros hacemos un estudio minucioso de las porciones de la Biblia que describen los dones del EspĂritu Santo nos vamos a dar cuenta que las mismas casi siempre están acompañadas por la descripciĂłn del fruto del EspĂritu Santo. Pienso que uno de los objetivos de esta revelaciĂłn es a causa de que es fácil falsificar los “dones”, ¡pero es imposible falsificar el fruto!
En Mateo 7 del versĂculo 15 al 23 se describe cĂłmo vienen los falsos profetas que pretenden tener muchos “dones milagrosos”, pero que no conocen a Cristo. JesĂşs nos dice que nosotros vamos a conocer a tales profetas por los frutos de su vida. TambiĂ©n vemos otra advertencia en 1 Corintios en los capĂtulos 12 y 14. AquĂ se describen las instrucciones y los beneficios de los dones espirituales en la iglesia. No obstante, tambiĂ©n se nos muestra una descripciĂłn de los desĂłrdenes en la práctica de los dones cuando los mismos no son controlados por el EspĂritu Santo. Nosotros debemos reconocer cuando un don proviene del EspĂritu Santo de Dios y cuando proviene de otros espĂritus engañadores. JesĂşs nos enseñó que por sus frutos los podĂamos conocer. Además, la palabra de Dios nos instruye a que probemos los espĂritus (1 Juan 4).
El verdadero don del fruto del EspĂritu Santo se muestra en la manifestaciĂłn del amor. Esta definiciĂłn se puede encontrar en 1 Corintios 13.
En la actualidad existen varios grupos religiosos que pretenden tener los “dones”, pero sus vidas testifican que les falta el fruto del EspĂritu Santo.
La iglesia es el huerto de Dios
En IsaĂas 5.1–7 se describe al pueblo de Dios como la viña del Señor. Una viña casi siempre tiene cercas para proteger la misma y quizá hasta torres para el atalaya. En Juan 15.1–8 se describe a Cristo como nuestra Vid y a nosotros como los pámpanos que llevan fruto. En 1 Corintios 3.6–9 se describe a la iglesia como una labranza que es sembrada y regada por Dios, quien es el que le da el crecimiento.
En Eclesiastés 2.4–6, Salomón describe sus viñas, sus huertos y sus jardines que fueron sembrados con árboles de toda clase de fruto y regados por corrientes de agua. También en Cantares 4.12–16 el propio Salomón hace una comparación que se relaciona mucho con la iglesia. Aquà se da la idea del huerto con nueve especias y frutos rodeando una fuente y un pozo de aguas vivas.
Cuando el cristiano piensa en estas cosas debe animarse a cuidar bien su corazĂłn (Proverbios 4.23). Nuestro corazĂłn es el huerto espiritual de Dios. La fuente de agua viva es el EspĂritu Santo obrando en nuestro ser interior (Juan 4.13–14; 7.37–39). El EspĂritu Santo es quien riega cada rincĂłn del huerto de Dios en nuestros corazones. Cada parte de este huerto tiene su flor o árbol con frutos lo cual es un sĂmbolo del aspecto espiritual del fruto del EspĂritu Santo en nuestras vidas.
Nosotros tambiĂ©n podemos decir que el huerto de Dios es la iglesia del Señor. Entonces ese viento que sopla sobre el huerto, que es la iglesia, hace que el fruto de la misma se madure. Por tanto, ese viento no podrĂa ser otra cosa que el EspĂritu Santo que da el aliento de Dios a todas las cosas (Juan 3.8; Cantares 4.16). El huerto de Dios siempre está bien protegido con cercas y torres. Muchas veces estas cercas y torres son las normas bĂblicas que protegen a las plantas bajo la protecciĂłn de la palabra de Dios contra las bestias silvestres del mundo carnal. Una iglesia sin normas basadas en los principios bĂblicos serĂa como un huerto abandonado.
En Cantares 2.4 se habla de una de estas torres del huerto de Dios: “Me llevĂł a la casa del banquete, y su bandera sobre mĂ fue amor”. Era la costumbre de esa Ă©poca tener palacios en los huertos donde el rey podĂa tener un dulce compañerismo con sus amigos especiales. AquĂ se habla en el sentido espiritual y se dice: “Gozo es la bandera que ondea en el mástil del palacio cuando el Rey está presente”.
Los especialistas en la botánica nos dicen que cada especia o fruto de Cantares 4.12–16 tiene una cierta propiedad.
Vamos a comparar estas especias con los nueve frutos de Gálatas 5.22–23.
1. Granado. Produce una fruta que simboliza el amor. Tiene muchas semillas; es refrescante y vigorizante. Contiene una medicina que destruye a los parásitos. “Mas el fruto del EspĂritu es amor” (Gálatas 5.22).
2. Alheña. Simboliza el gozo. El arbusto de alheña produce fragantes flores blancas. De esta planta los antiguos hacĂan un perfume raro y dulce. El gozo del Señor es como un perfume agradable que rodea nuestra vida entera. “El gozo de Jehová es vuestra fuerza” (NehemĂas 8.10). (Gálatas 5.22 para gozo.)
3. Nardo. Es un arbusto medicinal. De su raĂz se saca un ungĂĽento aromático para calmar las inflamaciones. TambiĂ©n tiene propiedades preservativas. El nardo simboliza la paz que calma nuestras emociones turbadas y que tambiĂ©n sirve como antisĂ©ptico contra la putrefacciĂłn y serena los malestares de la ansiedad. “La paz de Dios gobierne en vuestros corazones” (Colosenses 3.15). (Gálatas 5.22 para paz.)
4. Azafrán. Es una florcita muy pequeña que es capaz de colorar y enriquecer grandes cantidades de arroz cuando se muele y se mezcla en la comida. Se ha usado también como laxante y para limpiar los venenos del cuerpo. Simboliza la paciencia porque un poco de paciencia da buen sabor a toda la vida y nos guarda de los venenos del enojo y los rencores. “Mas tenga la paciencia su obra completa” (Santiago 1.4). (Gálatas 5.22 para paciencia.)
5. Caña aromática. Es una planta muy suave. De ella se saca un ungüento para disminuir las inflamaciones en el cuerpo. Simboliza la benignidad que sana nuestras heridas. “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4.32). (Gálatas 5.22 para benignidad.)
6. Canela. Es la cáscara de un árbol que tiene propiedades antibióticas: destruye las bacterias y disminuye las infecciones en el cuerpo. De ahà que la misma simbolice la bondad que domina y vence a la maldad. “Vence con el bien el mal” (Romanos 12.21). ( Gálatas 5.22 para bondad.)
7. El árbol de incienso. Produce como una goma que se disuelve en alcohol y se quema para darle un ambiente agradable a cualquier lugar. En la Biblia simboliza la fe y su acción es la oración que asciende al mismo trono de Dios. “Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono” (Apocalipsis 8.3). (Gálatas 5.22 para fe.)
8. Mirra. Es un polvo medicinal extraĂdo de la goma que produce una planta pequeña. Para sacar la misma se corta la cáscara de la planta. Cuando su cáscara es cortada entonces esta planta echa una goma que fluye y que se utiliza para curar las heridas. La mirra simboliza la mansedumbre del pueblo de Dios. El pueblo de Dios ha sido perseguido y maltratado durante casi toda la historia del mismo, pero siempre se ha mantenido manso y amoroso (aun con los propios enemigos). La mirra contiene un poderoso antibiĂłtico para combatir a las bacterias. El agresivo conquistador nunca va a heredar la tierra, sino que: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad” (Mateo 5.5). (Gálatas 5.23 para mansedumbre.)
9. Aloe.1 Es una planta medicinal que cura las quemaduras de la piel y los males del estómago. El extracto curativo se halla en las hojas que a su vez son protegidas por una cáscara tiesa con espinas. Esta planta simboliza la templanza que es una cualidad esencial en la persona y que nos enseña a dominarnos a nosotros mismos. “Golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre” (1 Corintios 9.27). (Gálatas 5.23 para templanza.)
Nosotros tenemos que darle gracias a Dios por todo el buen fruto que Ă©l ha producido en su huerto para nuestro beneficio fĂsico y espiritual. Tanto el cultivo como la cosecha de tales remedios ayudan a mantener a la iglesia pura, pacĂfica y sin mancha en medio de un mundo lleno de impureza y violencia. “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5.9).
Por otra parte, un buen resumen del fruto del huerto espiritual de Dios se encuentra en Santiago 3.17–18: “Pero la sabidurĂa que es de lo alto es primeramente pura, despuĂ©s pacĂfica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresĂa. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.”
“Soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas. Venga mi amado a su huerto, y coma de su dulce fruta” (Cantares 4.16). ¡Amén!

