Diversidad de operaciones por el Espíritu Santo
La Biblia nos enseña en 1 Corintios 12.6 que hay diversidad de operaciones del Espíritu de Dios, pero el Espíritu Santo es el mismo.
Busca los siguientes versículos y escribe la operación del Espíritu Santo que aparece en cada uno de ellos. Operación quiere decir la obra que el Espíritu Santo hace.
(1) Génesis 1.2: ______________
(2) 2 Pedro 1.21: ______________
(3) Juan 16.8: ______________
(4) Juan 3.5: ______________
(5) 1 Corintios 12.13: ______________
(6) 1 Corintios 6.19: ______________
(7) Juan 14.26: ______________
(8) Hechos 1.8: ______________
(9) Hechos 13.2: ______________
(10) Apocalipsis 2.7: ______________
(11) Hechos 8.29: ______________
(12) Juan 15.26: ______________
(13) 1 Juan 3.24: ______________
(14) Juan 14.16: ______________
(15) Romanos 8.26: ______________
(16) Gálatas 5.22–23: ______________
(17) 1 Corintios 12.11: ______________
(18) 2 Corintios 3.18: ______________
(19) Juan 16.14: ______________
(20) 2 Corintios 3.17: ______________
El Espíritu Santo también nos ayuda a crecer en la vida cristiana y nos cambia de gloria en gloria a la imagen de Cristo (2 Corintios 3.17–18). Es cierto que somos hechos perfectos por medio de la sangre de Cristo y que también somos justificados en él. Sin embargo, nosotros tenemos que permanecer fieles y en toda obediencia a la Palabra de Dios para que por medio de la misma Cristo nos pueda perfeccionar mucho más por la operación del Espíritu Santo en nuestras vidas.
El pecado impide y destruye la operación del Espíritu Santo.
¡Gloriosas y maravillosas son las operaciones de Dios en nosotros!
La plenitud del Espíritu Santo
¿Cómo es que nosotros recibimos la plenitud del Espíritu Santo en nuestras vidas?
- El Espíritu Santo nos llena como un río.
- El hace su nido en nuestro corazón trayendo su paz como lo hace una paloma.
- Él es ese viento que sopla en nuestro ser y que nos da aliento de vida.
- El es como el árbol plantado en nuestras vidas que produce el fruto espiritual que otros ven en nosotros.
- Es una espada que nos defiende de los enemigos espirituales de la maldad.
- Él es el divino huésped que mora en nuestro templo.
- Su aceite mantiene una llama de fuego en nosotros que no se apaga en nuestros espíritus.
Veámos lo siguiente:
Entender que tener la plenitud del Espíritu Santo es parte de la vida cristiana. Esto constituye un mandato de la palabra de Dios: “Sed llenos del Espíritu” (Efesios 5.18). La vida cristiana no es una vida débil ni mucho menos muerta. Cristo nos prometió: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10.10). Abundancia significa “gran cantidad o número de cierta cosa”.
Rendir nuestro cuerpo y mente a Dios como un sacrificio vivo. Este debe ser el camino constante del discípulo del Señor (véase Romanos 12.1–2). El hombre comprado por la sangre de Cristo es un hombre rendido al Señor, vive en arrepentimiento, es leal y completamente sumiso en toda obediencia a su Salvador. Si estamos en esa condición entonces somos transformados del mundo de vanidad y orgullo al reino del Hijo de Dios.
Vaciar nuestra voluntad de todos los obstáculos o estorbos es un paso consciente y diario en la vida cristiana. Si amamos más a cualquier otra cosa o persona que a él entonces el Espíritu Santo no podrá llenarnos porque ya estamos llenos de otras preocupaciones. Debemos confesar todo pecado y dejar todo obstáculo que impida nuestra sanidad espiritual.
Pedir el poder espiritual de Dios deberá ser una oración constante para el hijo de Dios (Lucas 11.13). El cristiano tiene al Espíritu de Dios desde el momento de su conversión (Romanos 8.9; Efesios 1.13; 1 Corintios 12.13), y la plenitud del poder del Espíritu Santo es un privilegio dado continuamente a los hijos de Dios (Hechos 4.8; 4.31).
¡Gracias a Dios por la vida de plenitud y abundancia que él nos ha dado en el Espíritu Santo! Si tú aún no tienes esta plenitud del poder del Espíritu Santo en tu vida entonces pídela y él te la dará.
Símbolos de nuestra vida en el Espíritu Santo
La Biblia nos enseña que la vida espiritual en el ser interior del cristiano es como un río de agua viva. Este río fluye y rebosa en nuestro interior para refrescarnos y llenarnos.
Además, el Espíritu Santo es como el aceite santo de olivo que usaba el sacerdote en el tabernáculo para llenar la lámpara. Cuando oramos y meditamos diariamente en la palabra de Dios ese aceite santo o unción nos llena (1 Juan 2.27).
En Mateo 25.8 vemos qué pasa con las personas que permiten que ese aceite escasee en sus vidas: ¡Sus lámparas se apagan!
Nuestro corazón es como un altar. En este altar nosotros debemos mantener vivas las llamas de fuego santo que nos purifican por medio del Espíritu Santo y la Biblia. Es imposible ser espirituales sin ser bíblicos (Levítico 10.1–2).
La palabra de Dios, que es la espada del Espíritu Santo, es nuestra arma más poderosa para defendernos contra el enemigo de nuestras almas. Nuestro Salvador usó esta arma para rechazar las tentaciones de Satanás (véase Mateo 4.1–11).
Nuestra vida es también como un árbol que da el fruto del Espíritu Santo. Si nosotros estamos plantados a la orilla del río del agua viva entonces nuestras vidas producirán muchos frutos espirituales para la gloria de Dios (Salmo 1.3; Gálatas 5.22–23).
Desde hace muchos años la paloma representa la paz en casi todas las naciones. El Espíritu Santo descendió sobre Jesús en forma de una paloma (véase Mateo 3.16). Él desciende sobre cada creyente verdadero y hace un nido en su corazón trayendo una paz interior que sobrepasa todo entendimiento humano.
En Juan 3.8 Jesús compara al Espíritu Santo con el viento. El viento es invisible y fuerte, y siempre está más allá del control del hombre. Así es el Espíritu Santo. No lo vemos, pero experimentamos su poder en nuestras vidas si nosotros se lo permitimos. Tampoco podemos sujetar al Espíritu Santo a que se adapte a nuestras ideas; más bien tenemos que rendirnos a él.
Nuestro corazón es el templo del Espíritu Santo. Él quiere morar en nosotros y transformarnos a la imagen de Cristo Jesús para darnos crecimiento espiritual (véase 2 Corintios 3.17–18). Este proceso se desarrolla hasta que el cristiano se hace más y más semejante al carácter y la mente de Cristo (véase Efesios 4.12–15; 1 Juan 3.2; Filipenses 2.5).
Si en realidad nuestro corazón es un templo del Espíritu Santo entonces nosotros debemos asegurar que todas las habitaciones del mismo estén bajo el control absoluto del Divino Huésped. Es por ello que debemos cuidar lo que ven nuestros ojos, escuchan nuestros oídos y habla nuestra boca. No debemos permitir que nuestra lengua se mueva sin que el Maestro la controle. De tal testimonio se agrada Dios. Esto prepara a nuestras almas para recibir la plenitud del Espíritu Santo en nuestras vidas (Efesios 5.18–20).
La plenitud del Espíritu Santo en la vida del cristiano deberá ser algo que suceda día tras día. Lee Efesios 1.13; 3.19; 5.18.
Si tú no tienes esta plenitud entonces pídela a Dios y sigue sus requisitos cumpliendo con todos.

